5 termas muy poco convencionales

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1. Islandia. El balneario del Círculo Polar

Es el centro termal más atípico del mundo: no muy lejos del Círculo Polar, un lago natural de temperaturas tropicales se ha convertido en el único balneario de la isla de hielo y fuego. En medio de bloques de lava negra, las aguas del Blue Lagoon -Bláa Lónið, según los locales- contrastan con su tono azul lechoso. Sin embargo, la mayor parte del año la diferencia de temperatura entre el agua y el aire forma una nube de vapor tan densa que no se llega a apreciar. Es común que dos personas no alcancen a verse tampoco, estando una frente a la otra. Las termas nacieron gracias a las aguas no utilizadas de una central geotérmica y con el tiempo se convirtieron en una de las mayores atracciones islandesas.

2. Inglaterra. Los antiguos baños romanos de Bath

Es uno de los centros termales construidos más antiguos del mundo. Los romanos realizaron las piletas y algunos de los edificios que todavía se pueden disfrutar en Bath, en el Somerset inglés. El núcleo original de la actual ciudad se llamó Aquae Sulis y fue fundado hacia el año 50 aC. Los pueblos celtas ya conocían y disfrutaban las aguas cálidas de ese sitio en el valle del Avon, en tanto los romanos construyeron un marco de templos y baños y fueron los precursores de una moda que explotó realmente bajo la época georgiana. La ciudad termal es también un importante centro cultural y cuenta con numerosos teatros. Recuerda además a Jane Austen, que vivió allí unos años y ubicó en Bath algunas de sus novelas, como La abadía de Northanger. Sus lectores no se pierden el Jane Austen Centre y el festival anual en torno a su obra.

3. Hungría. Las aguas de Budapest

Esta ciudad es la capital europea de los spas. Hace siglos que los magiares canalizaron las fuentes de aguas calientes a orillas del Danubio. Las termas tienen finalidades terapéuticas pero también sociales, como lo muestran las escenas diarias de personas que pasan horas jugando al ajedrez en las piscinas termales. Hay alrededor de 130 fuentes de agua explotadas en total en la ciudad y sus alrededores, pero las más emblemáticas son las del complejo Szechenyi, una magnífica construcción neorrenacentista, con piletas al aire libre donde los bañistas se ven rodeados de un decorado de teatro italiano; y las termas Gellert, las más lujosas. El hotel del mismo nombre fue construido en estilo art deco en 1918. La pileta está enmarcada por elegantes columnas bajo un techo vidriado que se ha convertido en una de las postales de Budapest.

4. Japón Takaragawa Onsen

Las fuentes termales abundan en el archipiélago nipón, una tierra de intensa actividad volcánica. Entre todos los onsen (así llaman los japoneses a los baños termales), el de Takaragawa en Gunma, al norte de Tokio, es un viaje hacia el tiempo de los samuráis. Los baños se toman en el río Takara, al aire libre y en un marco totalmente natural, entre grandes piedras. El calor del agua genera fumarolas que dan un toque de misterio a ese rincón montañoso escondido en medio de un bosque. El complejo está dentro de un ryokan, un albergue japonés tradicional. Los piletones naturales son tan grandes que en uno de ellos hombres y mujeres se bañan al mismo tiempo, algo inhabitual en Japón. Otra particularidad del onsen de Takaragawa es que abre en continuado y es posible bañarse de noche y al amanecer, un momento mágico cuando la naturaleza y el bosque se despiertan.

5. Neuquén ¿Copahue o Domuyo?

La Argentina es también un gran destino termal. Los populares centros de Entre Ríos y de Santiago del Estero no pueden rivalizar en belleza con el de Copahue, escondido en medio de los Andes neuquinos, muy cerca de la frontera con Chile. A casi 2000 metros de altura, varias fuentes brotan con diferentes temperaturas y composiciones minerales. El centro termal y piletas al aire libre captan las aguas aptas para tratamientos. El complejo abre solamente en verano porque durante el invierno está tapado por una gruesa capa de nieve. Sin embargo, no es el único lugar geotérmico en el norte de la provincia. En la región de Andacollo, el volcán Domuyo -el techo de la Patagonia- provoca la formación de los únicos géiseres en territorio argentino. Cerca de allí está Villa Aguas Calientes (en la foto), un rudimentario camping donde se ofrecen baños termales en un arroyo de aguas cálidas que bajan del pie del volcán. Varios chorros de temperaturas distintas se entremezclan y forman saltos ideales para masajes al natural.

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