Nuestra Historia

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Se desconoce el uso antiguo de las aguas del Balneario de Molinar. Sin embargo, en los albores del siglo XVIII ya aparece documentado un vetusto paraje, conocido como “Fumala”, ubicado a corta distancia de donde brotaban las aguas. Topónimo posiblemente relacionado con los vapores que emanaban de las aguas del río en el lugar.

 

Los cronistas del siglo XIX se hacen eco del hallazgo de los manantiales termales a finales del siglo anterior.

 

Maximino Núñez –medico director del balneario de Molinar- escribe en su “Memoria sobre las aguas termales acídulo-carbónicas sin hierro de Molinar de Carranza”, editada en el año 1872: “… fueron notados los beneficios efectos de estas aguas por un abate francés, que, a consecuencia de acontecimientos políticos habidos en su país, vino a hospedarse en el pueblo de Bollain, distante unos dos kilómetros del sitio donde brotan las aguas, y excitada su curiosidad por la frecuencia con que los ganados tornaban al valle, pudo observar que venían a tomar las sales que depositaban las aguas a la orilla del río; prefiriéndolas con gran avidez principalmente en un punto determinado donde exhalaban abundantes vapores las que de allí brotaban, practicó varias pozas, en las cuales se bañaron él y algunos vecinos del valle excitados por la curiosidad, tardando poco en conocer los maravillosos efectos que aquellas producían en los tumores que a estos aquejaban, lo cual manifestaron a la autoridad local y dispuso se ensancharan las pozas y se formaran barracas o chozas cubiertas para curiosidad y honestidad de los bañistas”.

Los manantiales eran varios, situados todos ellos en el lugar de Bosobrón, en la margen izquierda del río Mayor. Los más caudalosos distaban 6 pies uno de otro, dando 145 libras de agua por minuto. Había también otros abundantes a las distancias de 12, 16 y 20 pies de los anteriores.

En el año 1798, por encargo de la Junta y Regimiento del Valle, se hace entrega de unas botellas de agua al Dr. Gutiérrez Bueno, quien llevará a cabo el primer análisis químico de las mismas. Asimismo, se proyecta la construcción de unos pequeños alberges para los bañistas y un puente de piedra sobre el cauce del río para acceder a los mismos.

A lo largo de las primeras décadas del siglo XIX varios fueron los intentos de construcción de una casa de baños, siendo desbaratados todos ellos por las numerosas crecidas de las aguas del río Mayor.

En el año 1930, el ayuntamiento y la diputación del señorío de Vizcaya, ante el lamentable estado de abandono que presentaban los baños, encargan un nuevo análisis de las aguas al licenciado en farmacia D. Juan Higinio de Arenaza y proyectan la construcción de un edificio balneario. Los conflictos políticos de la época y el estallido de la primera guerra carlista malograron el proyecto.

 

En el año 1845 el ayuntamiento cede a Rafael Guardamino –natural del barrio de Ranero- la propiedad de los manantiales y parte del terreno inmediato a los mismos. Éste, primero en sociedad con otros acaudalados carranzanos residentes en Madrid, y posteriormente como único propietario, acomete la construcción de un balneario. Inicialmente se procedió al desvío del cauce del río Mayor, construyendo en un breve espacio de tiempo un sólido malecón para preservar los manantiales y el edificio de las impetuosas crecidas del río.

Sobre estas obras Miguel Zapater Jerez (Médico Director del balneario) escribía en 1868: “… se distribuyeron y equilibraron sus manantiales en diez anchurosos cuartos con sus correspondientes pilas, cuyas habitaciones aisladas y completamente independientes, dan todas salida a un salón de paseo y espera, que circunda las termas, levantando a continuación sobre estas primitivas y sólidas obras, una extensa galería de hospedería con habitaciones en sus costados. La puerta principal de las termas da salida a una dilatada huerta que sirve de paseo y recreo a los bañistas, en cuyo centro se ostenta un elegante kiosko que cierra la fuente de agua mineral destinada al uso interior o bebida. Posteriormente, y a medida que observó aumentarse la concurrencia, así como las exigencias del más refinado gusto, edificó otro cuerpo de edificio de nueva planta y de muy buenas formas arquitectónicas, que comunica directamente con los anteriores, el que contiene piso bajo y principal con 32 habitaciones aisladas o dependientes, y adornadas con muebles del mejor gusto, como son, cómodas-escritorios, grandes espejos demarco dorado, lavabos de mármol, camas inglesas con colchones de muelles, mesas de noche etc”.

En el año 1849 el gobierno, por Orden de 6 de agosto, declaraba útiles y medicinales las aguas accidulo-salino del balneario de Molinar, nombrando director facultativo a D. Hilarión Rugama, que hasta entonces lo había sido de los baños de Azcoitia (Guipúzcoa).

En los años finales de la década de 1890, siendo su único propietario D. Ramón Bergé Guardamino, se ejecutan las obras de remodelación del primigenio edificio del hotel levantado por su tío Rafael Guardamino Tejera. Se reforma y amplia la traza del edificio, siendo encargado de su diseño el arquitecto bilbaíno Severino Achúcarro, encomendando la parte correspondiente al inmobiliario y decorado al conocido tapicero Sr. Elorza.

En el año 1911, tras la muerte de Ramón Bergé Guardamino, su hijo Ramón Bergé Salcedo acomete nuevas reformas, dotando de instalación eléctrica en todo el balneario; ampliando el parque y adquiriendo aparatos sanitarios, a la altura de los instalados en los mejores balnearios extranjeros. Se implanta una instalación de cura por la aplicación eléctrica de alta tensión (diatermia).

En el año 1913 se constituye en Bilbao la Sociedad Termas de Molinar de Carranza. Sociedad fundada para la explotación del balneario.

Ese mismo año, aparece publicado en el periódico madrileño “La Época”, con fecha 5 de agosto, un artículo sobre el balneario de Molinar de Carranza:

… La situación de este balneario es admirable, divisándose desde el espléndido panorama, estando dotado de gran confort, lo cual hace que, unido a la bondad de sus aguas, que están clasificadas entre clorurado-sódicas, variedad bicarbonatadas radioactivas, aumente cada año su ya numerosa clientela.

Las aguas de Molinar de Carranza se pueden utilizar en bebidas, baños, duchas, inhalaciones, para lo cual cuenta con una lujosa cámara, inaugurada en 1907, y pulverizaciones.

El eminente doctor Pinilla, ocupándose de la diatermia, en un artículo muy interesante, expresa que este balneario es el único en España que tiene montados aparatos especiales para las aplicaciones locales, con las que se reabsorben exudados que no sean muy antiguos, y desaparecen tumefacciones gotosas o artríticas, entorpecedoras del movimiento.

El servicio de cocina tiene fama en toda España; pues para ello la dirección ha cuidado siempre de tener un buen cocinero, capaz de satisfacer al más exigente gourmet. Actualmente se organizan grandes fiestas, y a juzgar por el número de habitaciones pedidas, es bien seguro que uno de los balnearios más concurridos este año ha de ser el de Molinar de Carranza”.

A lo largo del primer tercio del siglo XX, coincidiendo con su época dorada, acudirán al balneario veraneantes de toda condición económica para tomar los baños. Cita obligada para una parte de la aristocracia y burguesía de la época. Por el balneario pasaron personajes como D. Antonio Maura (presidente del Consejo de ministros), Sr. Arias Miranda (ministro de Gracia y Justicia), el diputado Sr. Aznar, el Obispo de Vitoria, el Arzobispo Nozaleda, el novelista y dramaturgo Azorín, el conde de Almaráz, la Condesa de Zubiría, los Condes de Valdel-Aguila, los marqueses de Yanduri, Monsieur Skybak (encargado de Negocios de Noruega), Sta. Concepción Heredia (dama particular de S.M. el Rey), el fotógrafo Néstor Basualdo, etc.

En el año 1936, iniciada la guerra civil, el ejército republicano incauta los edificios del balneario de Molinar, donde serán internados los presos políticos. Posteriormente se destina el balneario como  hospital de sangre, con capacidad para 165 camas y una flota de ambulancias, coches ligeros y mulos para evacuar los heridos. En 1938, tras la ocupación de Carranza por el ejército nacional, éste destinará los edificios del balneario a campo de prisioneros.

En 1940, la Dirección General de Seguridad y Exteriores ocupa el balneario para utilizarlo como campo de refugiados. Hasta 1944, bajo vigilancia,  acogerá a civiles y militares que, a través de Portugal y Gibraltar, pretendían llegar a Londres o al Norte de África para incorporarse al ejército aliado.

En los meses de octubre y diciembre de 1944, procedentes de Miranda de Ebro, serán trasladados al balneario (tomado por el Gobierno como Campo de Internamiento) un grupo de 500 aduaneros alemanes, mayores de 40 años. Personal de las guarniciones de la frontera pirenaica que, tras el desembarco aliado en Niza y la liberación de Marsella, Lyon y Toulon, habían recibido órdenes de sus superiores de pasar a España. En el balneario permanecerán internados en régimen de libertad vigilada hasta enero de 1946, cuando serán trasladados nuevamente a Miranda de Ebro para salir repatriados hacia Berlín en la primera semana de febrero de 1946.

A finales de los años 40 llegan a Carranza sacerdotes de la Sociedad del Apostolado Católico (P.P.Palotino) para ocupar los edificios del balneario, cedidos  por Carmen de la Quadra Salcedo (viuda de Ramón Bergé Guardamino) como mayor partícipe de la sociedad de Las Termas de Molinar.

En el año 1952 fundan el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, para jóvenes vocaciones, iniciando las clases el 6 de octubre con quince alumnos. Colegio que mantendrá su actividad hasta el año 1957, época en la que, puesto en venta el Balneario, los P.P. Palotinos marchan de Carranza.

Los P.P. Palotinos regresan nuevamente a Carranza en 1960, adquiriendo en propiedad el balneario, para retomar la labor educativa. Crean un Colegio Comarcal y años después, en 1964, imparten estudios de filosofía a los jóvenes novicios que deseaban entrar en la Comunidad. Entre los años 1967 y 1976 se establece como Escuela-Hogar.

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